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La Torre ya construida ¿Cómo la ve Samuel Cox?

Caradoc

Tercera parte: El viaje y La Torre.

MIGUEL ZAPATA ROS


 “Io spero che Dio mi dia abbastanza giorni per scrivere di lei quello che nessuno ha mai scritto per nessuna”

Dante Aligheri.

(Vita nova)

 “… delights in playing with the feelings of every woman he can make to like him and as he is wonderfully well informed, naturally clever and extremely agreeable, besides being very handsome, his task is not difficult”

Henry Fox,

CRADOCK, Hon. John Hobart (1799-1873). Published in The History of Parliament: the House of Commons 1820-1832, ed. D.R. Fisher, 2009. Available from Cambridge University Press.

   

Capítulo 3

La construcción de la Torre (Fragmento)

Una cálida tarde del mes de enero de 1869, a la puerta de entrada de la Torre Caradoc llega un ómnibus, si bien lujoso algo desvencijado. Es propiedad del Hotel Patrón, como señalan los letreros que se leen a sus costados y en el frontal de la vaca, por encima de la capuchina.

Le abren y llega por la alameda hasta frente el porche. En la escalera le espera Antonio Riquelme, primo de Joaquina por parte de madre, a quien han traído desde Orihuela para que administre la finca en ausencia de Caradoc y Joaquina, él es escribano. Es seguramente el único miembro de la familia de Joaquina que tiene estudios, además de algunos conocimientos de inglés.

El congresista Cox baja del carruaje. Va correctamente vestido con una levita oscura, chaleco de raso y camisa blanca. Su tez pálida manifiesta su enfermedad reciente. De vez en cuando emite una leve pero profunda tos. Su incipiente calvicie no le resta atractivo a un rostro marcado por unas profundas arrugas y unos claros ojos.

− Good afternoon, Mr. Cox. How is your excellence? My cousin notified me of her arrival. You are welcome.

A continuación, el diálogo entre Riquelme y el congresista se desarrolla en un perfecto inglés

 

En la conversación con Riquelme le dice que no es su primera visita a Europa. Ya estuvo con Howden en Madrid. Vino como un periodista novel en su viaje nupcial por Europa.

Una vez invitado a pasar, Antonio le ofrece un sillón de mimbre, tras dejar el sombrero y la levita en el interior, manda sacar sendos refrescos de limón y albahaca con unas gotas de anís.

− Como sabe estoy en tránsito por Murcia en un viaje por el sur de Europa. Por recomendación médica estoy recorriendo estas tierras de vientos secos. Ha sido en parte por placer y en parte por prescripción tras padecer una neumonía de la que aún no me he repuesto del todo. Espero hacerlo tras este viaje, como le dije a su excelencia el ministro de Su Majestad.  Al que por cierto conocí en mi viaje nupcial, en Madrid. Le quedé muy agradecido por el trato que me dio. Mi ingreso en política fue tomándolo a él como modelo de ética y de buena práctica políticas. Por lo demás, me ha tenido al tanto por correspondencia de sus avatares, sobre todo del profundo amor que le profesa a su prima de usted, Doña Joaquina, quien ha sido como un ángel salvador para él, en tas duras circunstancias. Como sabe nuestra cultura, la anglosajona, es muy puritana, y en ella no se ve muy bien que una persona de su edad se case con una mujer tan joven y guapa como ella. Sin embargo, él ha demostrado un valor y una carencia de atavismos muy loable. Aunque por esas razones sea considerado en nuestro medio como una persona excéntrica.

− Bueno, Su Señoría no vive ahora aquí, como sabe, sino en Bayona. Quiero decir de forma estable, no se trata de algo temporal

− Ya me lo hizo saber, lo que sucede es que le pedí permiso para pasar por aquí en mi estancia, ver las costumbres y visitar su preciosa casa, todo ello lo reflejaré en un libro que escribiré y para el que estoy tomando notas. Veo que también es un hombre de una excentricidad un poco peculiar y agradable. En algunos aspectos. Lo digo por su amor por la vida al aire libre y por las exhibiciones de frutas y flores que observo. Además de, como le he dicho, por demostrar su independencia cuando, avanzado en años, se ha casado con una bella mujer, además de ser una bella actriz española, de quien se enamoró perdidamente, según me consta.

Tras el refrigerio Antonio le invita a un paseo. En él, Samuel Cox puede ver cómo ha quedado la obra. Visión que le causa una enorme y satisfactoria impresión que luego reflejará en su libro “Buscando los vientos sureños”. El paseo primero es por los jardines “Subimos por una avenida de palmeras, y luego pasamos bajo las ramas entrelazadas de los plátanos, formando una estrecha glorieta, hasta embriagarnos con la fragancia de las rosas rojas y rosadas que, profusamente, bordean los gardenpaths en todas las direcciones. Las granadas rojas estaban en todo su esplendor y colgaban sobre los rosales”. Finalmente llegan a lo que describe como ”una gran pérgola verde de alambre”, debajo de la cual hay una inmensa reserva de agua. Hay un burro que la bombea desde una noria, y allí, desde la balsa, es encauzada por pequeños canales que, por todas partes, cruzan el terreno. La sensación que tuvo Cox fue la de estar envuelto por un paraje placentero y fascinante, como después reflejaría en su libro. En él expuso la teoría de las palmeras, que sin duda oyó en esa época en la huerta de Murcia. Según ella, esta elegante planta florece cuando, como aquí, sus pies están tan húmedos como sus cabezas calientes.

A continuación penetran en la casa, donde el congresista estadounidense, según después confesaría, encontró “todas las pruebas de riqueza y de ese refinamiento que sólo puede dar el gusto”.

Pavimentos de mármol, de varios colores, en el primer piso, y en el piso superior mármol blanco y negro veteado, junto con la porcelana rara, le dan a esta morada un aire de delicadeza, luz y frescor propio de una morada de verano, en medio de flores fragantes y deliciosa fruta. Allí también encontró grabados ingleses de cacerías de zorros y de carreras con caballos. También tapices de escenas en el desierto; hermosos baños de mármol; una biblioteca rica en volúmenes cuidadosamente escogidos; con una deliciosa vista de la propiedad desde sus ventanas; y, para coronar el conjunto, unos jarrones exclusivos llenos de flores frescas, como los de la casa de Vallambrosa en Cannes; y, en el exterior, una Piazza cubierta con una inmensa planta de la flor de la pasión, junto con filas de adelfas en flor fuera de las galerías.


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