Dante Aligheri.
(Vita nova)
Henry Fox,
CRADOCK, Hon. John Hobart (1799-1873). Published in The History of Parliament: the House of Commons 1820-1832, ed. D.R. Fisher, 2009. Available from Cambridge University Press.
Capítulo 3
La construcción de la Torre (Fragmento)
Una
cálida tarde del mes de enero de 1869, a la puerta de entrada de la Torre Caradoc
llega un ómnibus, si bien lujoso algo desvencijado. Es propiedad del Hotel Patrón,
como señalan los letreros que se leen a sus costados y en el frontal de la
vaca, por encima de la capuchina.

Le abren
y llega por la alameda hasta frente el porche. En la escalera le espera Antonio
Riquelme, primo de Joaquina por parte de madre, a quien han traído desde
Orihuela para que administre la finca en ausencia de Caradoc y Joaquina, él es
escribano. Es seguramente el único miembro de la familia de Joaquina que tiene
estudios, además de algunos conocimientos de inglés.
El
congresista Cox baja del carruaje. Va correctamente vestido con una levita
oscura, chaleco de raso y camisa blanca. Su tez pálida manifiesta su enfermedad
reciente. De vez en cuando emite una leve pero profunda tos. Su incipiente
calvicie no le resta atractivo a un rostro marcado por unas profundas arrugas y
unos claros ojos.
− Good
afternoon, Mr. Cox. How is your excellence? My cousin notified me of her
arrival. You are welcome.
A
continuación, el diálogo entre Riquelme y el congresista se desarrolla en un perfecto
inglés

En la
conversación con Riquelme le dice que no es su primera visita a Europa. Ya
estuvo con Howden en Madrid. Vino como un periodista novel en su viaje nupcial
por Europa.
Una vez
invitado a pasar, Antonio le ofrece un sillón de mimbre, tras dejar el
sombrero y la levita en el interior, manda sacar sendos refrescos de limón y albahaca con
unas gotas de anís.
− Como sabe
estoy en tránsito por Murcia en un viaje por el sur de Europa. Por
recomendación médica estoy recorriendo estas tierras de vientos secos. Ha sido
en parte por placer y en parte por prescripción tras padecer una neumonía de la
que aún no me he repuesto del todo. Espero hacerlo tras este viaje, como le dije
a su excelencia el ministro de Su Majestad. Al que por cierto conocí en mi viaje nupcial, en Madrid. Le quedé muy agradecido por el trato que me dio. Mi ingreso en
política fue tomándolo a él como modelo de ética y de buena práctica políticas. Por
lo demás, me ha tenido al tanto por correspondencia de sus avatares, sobre
todo del profundo amor que le profesa a su prima de usted, Doña Joaquina, quien
ha sido como un ángel salvador para él, en tas duras circunstancias. Como sabe
nuestra cultura, la anglosajona, es muy puritana, y en ella no se ve muy bien
que una persona de su edad se case con una mujer tan joven y guapa como ella. Sin embargo, él ha demostrado un valor y una carencia de atavismos muy
loable. Aunque por esas razones sea considerado en nuestro medio como una
persona excéntrica.
− Bueno,
Su Señoría no vive ahora aquí, como sabe, sino en Bayona. Quiero decir de forma
estable, no se trata de algo temporal
− Ya me
lo hizo saber, lo que sucede es que le pedí permiso para pasar por aquí en mi
estancia, ver las costumbres y visitar su preciosa casa, todo ello lo reflejaré
en un libro que escribiré y para el que estoy tomando notas. Veo que también es
un hombre de una excentricidad un poco peculiar y agradable. En algunos
aspectos. Lo digo por su amor por la vida al aire libre y por las exhibiciones
de frutas y flores que observo. Además de, como le he dicho, por demostrar su
independencia cuando, avanzado en años, se ha casado con una bella mujer, además
de ser una bella actriz española, de quien se enamoró perdidamente, según me
consta.
Tras el
refrigerio Antonio le invita a un paseo. En él, Samuel Cox puede ver cómo ha
quedado la obra. Visión que le causa una enorme y satisfactoria impresión que
luego reflejará en su libro “Buscando los vientos sureños”. El paseo primero es
por los jardines “Subimos por una avenida de palmeras, y luego pasamos bajo las
ramas entrelazadas de los plátanos, formando una estrecha glorieta, hasta
embriagarnos con la fragancia de las rosas rojas y rosadas que, profusamente,
bordean los gardenpaths en todas las direcciones. Las granadas rojas estaban en todo su esplendor y colgaban sobre los rosales”. Finalmente llegan a lo que
describe como ”una gran pérgola verde de alambre”, debajo de la cual hay una
inmensa reserva de agua. Hay un burro que la bombea desde una noria, y allí, desde
la balsa, es encauzada por pequeños canales que, por todas partes, cruzan el
terreno. La sensación que tuvo Cox fue la de estar envuelto por un paraje
placentero y fascinante, como después reflejaría en su libro. En él expuso la teoría
de las palmeras, que sin duda oyó en esa época en la huerta de Murcia. Según ella, esta elegante planta florece cuando, como aquí, sus pies están tan
húmedos como sus cabezas calientes.
A
continuación penetran en la casa, donde el congresista estadounidense, según
después confesaría, encontró “todas las pruebas de riqueza y de ese
refinamiento que sólo puede dar el gusto”.
Pavimentos de mármol, de varios colores, en el primer piso, y en el piso superior mármol blanco y negro veteado, junto con la porcelana rara, le dan a esta morada un aire de delicadeza, luz y frescor propio de una morada de verano, en medio de flores fragantes y deliciosa fruta. Allí también encontró grabados ingleses de cacerías de zorros y de carreras con caballos. También tapices de escenas en el desierto; hermosos baños de mármol; una biblioteca rica en volúmenes cuidadosamente escogidos; con una deliciosa vista de la propiedad desde sus ventanas; y, para coronar el conjunto, unos jarrones exclusivos llenos de flores frescas, como los de la casa de Vallambrosa en Cannes; y, en el exterior, una Piazza cubierta con una inmensa planta de la flor de la pasión, junto con filas de adelfas en flor fuera de las galerías.
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